jueves, 10 de julio de 2008

licencia para pinchar.


He pinchado a Panchita. Sí. Yo. No sé si estar o no orgullosa (me dan aprensión las agujas -médicamente esto se debe llamar aprensuja, supongo), pero Pinchita necesitaba ser panchitada, y ahí estaba yo, como una yonki del bien, la Amy Winehouse de la curación, la Sid Vicious de la fraternidad, la House de las chinchillas gigantes, buscando vena como un sabueso busca presa.
He panchido a Pinchita. Sí. Soy osada (la osada menor de dos hermanas osas)(hermanosas). Soy guay.
Pancha creo que no piensa lo mismo, desde el otro lado de la habitación.

2 comentarios:

La Violeta dijo...

Pobrecitaaa! ¿Y por qué tenías que pincharla? Yo nunca me atreví con mi otro perro. No soy muy aprensiva pero cuando me clavan o veo clavar una aguja miro para otro lado.
Una tía abuela mía que había tenido gallinas presumía de atreverse a pinchar al perro y lo hizo, cogiéndolo el pellejo del pescuezo como el veterinario. La aguja atravesó el pellejo de parte a parte y el líquido salió tan campante por el otro lado.
Suerte que el segundo intento salió bien.

Marta dijo...

Niña, justo la primera semana de agosto trabajo. Empiezo vacaciones el 8 (o el día que caiga en sábado de esa semana)...

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