viernes, 10 de junio de 2011

Pretéritos.

Era lo que más le gustaba de él: Tenía el pelo más suave que había tocado nunca.
Así de simple. Por encima de su brillantez siempre estuvo su pelo.
Porque si de algo sabía era de pelos (una extraña manía heredada).
En verano, cuando el sol le incidía de una determinada forma y sólo en un ángulo concreto, guiñaba el ojo derecho en un involuntario y delicioso gesto que siempre le sacaba una sonrisa. Le hacía parecer tan jóven como cuando se conocieron, hacía ya una vida eterna.
Le resultaba enternecedor la forma dramática y repentina con que se detenía cuando caminaban por la calle y algo en la conversación le sorprendía. Jamás consiguió anticiparse a ese momento; siempre le dejaba un paso y medio por delante.
En general, le gustaba cada gesto que delataba que no era perfecto. Ella siempre odió la perfección. No se la creía.

En algún lugar, alguien hace esta misma descripción con un leve ajuste del tiempo verbal.
La gramática, años después de dejar el colegio, volvía para abofetearle el corazón.

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martes, 7 de junio de 2011

Seria fantastic.

">

Seria tot un detall
i tot un gest,
per la teva part,
que coincidíssim,
et deixessis convèncer
i fossis tal com jo t'he imaginat.

Unir por la línea de puntos suspensivos.

Con la punta de mi lengua
dibujé el aire
que escapaba
de la yema de tus dedos.

Deletreando.

Tèrez Montcalm. Love.
">

L is for the way you look at me
O is for the only one I see
V is very, very extraordinary
E is even more than anyone that you adore can

(Take my heart and please don't break it)

miércoles, 25 de mayo de 2011

El último berrido.

Desde que recuerdo, mi madre siempre ha tratado de hacer de la carencia virtud. Eso sí, a su manera y de las formas más peregrinas.
Si yo le pedía unas Nike porque en el cole la gente que las llevaba molaba mucho, mi madre me compraba unas "Sugar" del mercadillo diciéndome que las Nike eran vulgares, y que estas aún no las conocía nadie, pero que pronto serían el "último berrido" (su versión del cool, en los 80). Y yo, de naturaleza confiada, me calzaba orgullosa mis Sugar, sintiéndome la última berreadora... y desconcertando con mi seguridad a los que sí habían conseguido sus Nike.
Cuando llegó el momento de la ingesta de la primera comunión, todas las niñas suspirábamos por esos vestidos largos blancos. Yo, desde lo alto de mis Sugar, también.
Mi madre, seguramente presa de un espíritu transgresor, acabó convenciéndome de que tomar la comunión con un vestido verde era mil veces más guay. Y si a eso le sumas un bombín de paja blanco... bueno...!
Suerte que, supongo, para evitar futuros traumas, supo parar sus ansias de vanguardia rara ahí y finalmente acudí a la iglesia sin oveja y sombrilla. En este caso no me queda otra que dar gracia a Dios.
Ya había olvidado todo ese confuso tema de los últimos berridos y las vanguardias estéticas, cuando el otro día el banco, presa de una emoción sin precedentes al ver que mi cuenta no estaba en rojo, me regaló una jarra Brita (esas que convierten el cloro puro del grifo en algo similar al agua). Yo no estaba nada convencida de que ese artilugio fuese de fiar, y me aferraba con fuerza a mis garrafas de agua embotellada... hasta que llegó mi madre a narrarme las bondades de la cosa. Y con la cosa me refiero al agua en sí: "Ya verás, el agua sabe mil veces mejor que la embotellada. No has de subir litros y litros por la escalera... y fresquita... fresquita está buenísima".
Perdió todo el crédito cuando, horas más tarde, le telefoneé para preguntarle cómo se ponían los filtros y me dijo "ay, hija, yo no tengo de eso. En casa bebemos Solan de Cabras... Por desgracia!"
Joder, ahora me siento súper mal...
Cuando vuelva les dejo mi jarra y me llevo sus garrafas, que a mi família no le falte de nada aunque me tenga que sacrificar yo, faltaría más!

lunes, 23 de mayo de 2011

Futuro imperfecto.

Cuando ya no quede nada
del todo que busqué
dejaré caer los brazos,
quemaré los puentes de papel
en los que ardí.

Desapareceré del lugar al que nunca pertenecí.

sábado, 21 de mayo de 2011

Por fin es primavera.


Bajo los adoquines escondieron nuestra playa.
Era sólo cuestión de tiempo que la encontrásemos de nuevo.

Valencia, 2011. Mayo.
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