domingo, 29 de agosto de 2010
viernes, 27 de agosto de 2010
Equipaje.

Para él los objetos carecían de cualquier valor que no fuese el sentimental.
O sea, estaban dotados de un valor incalculable.
Bastaba con que cualquiera le diésemos una pluma corriente para que esta se convirtiese en el objeto más valioso del mundo, atribuyéndole de inmediato propiedades casi esotéricas.
Lo hacía con cualquier cosa, se emocionaba hasta casi las lágrimas cuando recibía un regalo, por nimio que fuese, y este pasaba a formar parte de su equipaje diario de paseo, mostrándolo con orgullo a la más mínima provocación.
Eso sí, jamás lo utilizaría para no estropearlo, no hubo forma nunca de convencerlo de lo contrario.
Las navidades que recibió el reloj no había hombre más feliz en el mundo que él.
Bromeamos con el hecho de que no iba a conseguir estropearlo aunque no le quitase los ojos de encima lo que le quedaba de vida.
Nunca, a partir de entonces, iba a ningún lado sin su reloj. En cualquier momento aprovechaba para decirnos, exactamente, la hora en que vivíamos. "Es muy sumergible", fanfarroneaba, "100 metros, ni más ni menos!", y le preguntábamos hasta qué profundidad lo había probado, él, que jamás se metió en una piscina, lo que automáticamente le hacía reir. Instintivamente, lo acariciaba entonces con la mano derecha, como queriéndolo proteger de la sorna familiar ante su exagerada emotividad.
¿llegaría a descubrir que las agujas de su reloj brillan en la oscuridad...?
martes, 24 de agosto de 2010
lunes, 23 de agosto de 2010
Nada más.
"Nada me hace más feliz y nada me entristece más que tú"
Nicole Krauss. La historia del amor.
Nicole Krauss. La historia del amor.
sábado, 21 de agosto de 2010
Pasiones 2.0
martes, 17 de agosto de 2010
lunes, 16 de agosto de 2010
Instrucciones para abrazar.
Póngase el sujeto frente al otro sujeto susceptible de ser 'sujeto' a continuación.
Es recomendable hacer algún tipo de estiramiento antes de ejecutar el ejercicio, o como mínimo ir aumentando paulatinamente la intensidad del abrazo. Puede resultar dañino un excesivo énfasis, así como poco efectiva una aplicación laxa. En estos casos es vital ser precisos.
Acérquese a la persona que se pretende abrazar de frente (por la espalda sólo se suelen dar cuando existe intimidad entre los participantes. De otra forma, crea desconcierto o se puede interpretar como una amenaza).
Coloque su pecho lo más cerca posible del pecho ajeno. Una vez realizado este acercamiento, pase sus brazos alrededor del cuerpo del abrazado hasta encontrarse el uno con el complementario en la espalda que no resulte ser la suya. Es el momento de ejercer presión, que conviene que vaya "in crescendo". Manténgase así el tiempo necesario, según el propósito deseado al iniciar el ejercicio: hasta calmar al abrazado, si el motivo es tristeza, o hasta que mágicamente las prendas de ropa se separen educadamente del cuerpo que las sostiene si el propósito es el contrario (o no) a la calma. En este caso las manos cobran evidente protagonismo, al igual que los besos.
Si el abrazo se realiza por la espalda con fines amorosos, puede usted convertir este acto en algo especialmente reseñable si besa la nuca del sujeto, ahora sujeto.
También se aceptará con agrado alguna palabra susurrada al oído.
Realice toda esta maniobra mientras baja una escalera, si es usted Cortázar.
(¿Se nota demasiado que necesito uno de estos? No conteste.)
Es recomendable hacer algún tipo de estiramiento antes de ejecutar el ejercicio, o como mínimo ir aumentando paulatinamente la intensidad del abrazo. Puede resultar dañino un excesivo énfasis, así como poco efectiva una aplicación laxa. En estos casos es vital ser precisos.
Acérquese a la persona que se pretende abrazar de frente (por la espalda sólo se suelen dar cuando existe intimidad entre los participantes. De otra forma, crea desconcierto o se puede interpretar como una amenaza).
Coloque su pecho lo más cerca posible del pecho ajeno. Una vez realizado este acercamiento, pase sus brazos alrededor del cuerpo del abrazado hasta encontrarse el uno con el complementario en la espalda que no resulte ser la suya. Es el momento de ejercer presión, que conviene que vaya "in crescendo". Manténgase así el tiempo necesario, según el propósito deseado al iniciar el ejercicio: hasta calmar al abrazado, si el motivo es tristeza, o hasta que mágicamente las prendas de ropa se separen educadamente del cuerpo que las sostiene si el propósito es el contrario (o no) a la calma. En este caso las manos cobran evidente protagonismo, al igual que los besos.
Si el abrazo se realiza por la espalda con fines amorosos, puede usted convertir este acto en algo especialmente reseñable si besa la nuca del sujeto, ahora sujeto.
También se aceptará con agrado alguna palabra susurrada al oído.
Realice toda esta maniobra mientras baja una escalera, si es usted Cortázar.
(¿Se nota demasiado que necesito uno de estos? No conteste.)
domingo, 15 de agosto de 2010
Despechado
Dícese (o dígase) del que en un arrebato anglosajón se deshace de sus melocotones porque siente que, de alguna forma, le han sido desleales.
Los melocotones son así, de ánimo caprichoso.
Los melocotones son así, de ánimo caprichoso.
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