sábado, 26 de diciembre de 2009

20/09

33.
Una cicatriz nueva en mi currículo.
Algo más que una gran amiga más.
Mucho más que un brillante amigo menos.
Dos hermanas pequeñas.
Los mejores dias de mi vida.
Acariciar el cielo.
Una tabla de snowboard para deslizarme por el lado salvaje.
Los peores meses de mi vida.
Arañar el infierno.
Una bici azul y alemana de carreras ya hechas.
Una código postal nuevo de acogida.
Mil mares diferentes en los ojos (o dos).
Una manchita diminuta en el pulmón.

A ver qué me trae el 20/10.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Ou.... yeah! (lit. "huevo... yeah!")


Mis mejores y mis deseos.

Quique.


Sensibilidad en directo (atenuada por el persistente codo del consabido ejemplar pseudo-humano que SIEMPRE se te coloca al lado en cualquier concierto para fastidiartelo con la amenaza contínua -exactamente cada 3 segundos se mesaba un mechón de pelo (siempre el mismo) que le crecía estratégicamente sobre la oreja derecha, para acto seguido levantar el dedo, señalando al techo de la sala -miré varias veces, por si avisaba silenciosamente de algún peligro que al resto se nos escapaba..-, con elevación veloz de codo a escasos centímetros de mi frágil cabeza- de un certero golpe en la sien. Por lo demás, todo perfecto).

martes, 22 de diciembre de 2009

Max.

1.
Lo maté porque estaba seguro que nadie me veía.

2.
Empezó a darle vueltas al café con leche con la cucharita. El líquido llegaba al borde, llevado por la violenta acción del utensilio de aluminio. (El vaso era ordinario, el lugar barato, la cucharilla usada, pastosa de pasado.) Se oía el ruido del metal contra el vidrio. Ris, ris, fis, fis. Y el café con leche dando vueltas y más vueltas, con un hoyo en su centro. Maelstrom. Yo estaba sentado enfrente. El café estaba lleno. El hombre seguía moviendo y removiendo, inmóvil, sonriente, mirándome. Algo se me levantaba de adentro. Le miré de tal manera que se creyó en la obligación de explicarse:

-Todavía no se ha deshecho el azúcar.

Para probármelo dio unos golpecitos en el fondo del vaso. Volvió en seguida con redoblada energía a menear metódicamente el brebaje. Vueltas y más vueltas, sin descanso, y el ruido de la cuchara en el borde del cristal. Ras, ras, ras. Seguido, seguido, seguido sin parar, eternamente. Vuelta y vuelta y vuelta y vuelta. Me miraba sonriendo. Entonces saqué la pistola y disparé.

3.
FE DE ERRATAS:

Donde dice:
La maté porque era mía.
Debe decir:
La maté porque no era mía.

(Max Aub. Crímenes ejemplares)

Today is the night...!

">
Por fin nos veremos las caras..!
(Tonight is the day)

domingo, 20 de diciembre de 2009

Era un tipo increíble. (stolen words)

Era un tipo increíble, absolutamente fascinado por la modernidad.
Tenía un cepillo de dientes eléctrico, una lavadora y una rasuradora eficaz.
También tenía una novia.
Era un tipo dinámico, usuario habitual de taxis y aviones.
Culto como pocos, leía al clásico Ovidio y al innovador Perec.
Incluso era capaz de descifrar con cierta facilidad las complicadas formulaciones de los tratados de estética.
Era un tipo correcto que, cada seis meses, recordaba con profunda nostalgia los lugares de su infancia.
Para dormir, reclamaba los arpegios frenéticos de Monk, reservando a Count Basie para los ritmos del amor.
Era un tipo original que todos los domingos almorzaba con su novia en el aeropuerto. Romántico en extremo, en los postres (siempre coincidiendo con un aterrizaje) ofrecía a su amada un singular regalo: una bombilla (los dias pares) o un tubo de neón (los impares).
Era un tipo terrible que detestaba el teatro de aficionados, la vida campestre y la comida china. No toleraba las opiniones del carnicero y, por principios, nunca saludó al vecino del quinto.
Lógicamente, le repugnaban los canelones y las cartas al director.
Su vida transcurrió íntimamente unida a los combinados magistrales del farmacéutico y a los turbios mejunjes del barman.
Se puede decir que fué,
la suya, una cronología contradictoria que, en algunos momentos, fué lesionada por el cólico nefrítico pero que, gracias a la química, pudo mantenerse al margen de ladillas y estreñimientos.
Era un tipo magnífico que nunca dió de comer a los gorilas del zoo. En consecuencia, vibraba con el arte moderno, ya fuera abstracto o figurativo, y se declaraba agnóstico ante las cuestiones religiosas.
Era un tipo elegante. Fumaba sólo cigarrillos de importación (Abdulla Imperial Preference) y asumía disciplinado los dictados de la moda.
Para seducir, seguía los consejos del ala de su sombrero y de los seis botones de su gabardina.
Le fastidiaban los dias nublados, y cuando llovía, olvidaba sistemáticamente el paraguas.
Era, pese a todo, un tipo resuelto que aceptaba sin pestañear las predicciones del horóscopo y combatía el dolor de cabeza con dosis masivas de artículos de opinión.
Mártir característico del siglo xx, falleció electrocutado mientras manipulaba, sin precaución alguna, una batidora aerodinámica de cuatro marchas.
Su novia, enojadísima, no asistió a los funerales.

(
Texto de Carlos Pérez, escrito para Paco Bascuñán Rams)

El fin justifica los medios.

Resultados arrojados por mi reciente neumonía:

-Una diminuta manchita en el pulmón (es mucho más exótico tener cicatrices en el pulmón que en el alma).
-5 kilos menos en el cuerpo (en general).
-2 kilos más de perra (daño colateral de exiliarla a casa de mis padres). Esto corrobora mi creencia de que los kilos son como la energía, jamás se pierden. Cuidado que hay tres sueltos.
-1 nevera llena de calditos variados (si de repente se produce un ataque nuclear, yo podré sobrevivir un mínimo de dos años).
-1 factura kilométrica de luz (no sabéis lo caro que es mantener caliente 40 metros cuadrados..)
-3 cajas de antibióticos consumidas.
-8 cajas de paciencia (tuve que romper el embalaje de las dos primeras... no sé esperar)

Voy a ver si me hago el ánimo y cojo el ébola, que esto es la mar de divertido.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Y poco más.

No me visto jamás para la ocasión, aunque la pinten calva.
Nado y olvido dónde guardé la ropa. Sistemáticamente.
Me drogo con promesas sabiendo que no hay metadona que lo aguante después.
Pongo todos los huevos en la misma cesta de papel.
Vivo un palmo más allá del límite con el único propósito de molestar.
Salgo de noche a atropellar gatos pardos.
Robo en lugar de pedir.
Nunca respeté las tres horas de la digestión ajena.
Y no me creo, ni por lo más remoto, que siempre sea triste la verdad.
Tampoco me creo que sea verdad... ni que sea siempre.
(Eso sí, de vez en cuando no tiene remedio)

Si alguna vez..

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Fatalidad.

No hay mal que, por fin, no venga.
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