Con la punta de mi lengua
dibujé el aire
que escapaba
de la yema de tus dedos.
martes, 7 de junio de 2011
Deletreando.
Tèrez Montcalm. Love.
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L is for the way you look at me
O is for the only one I see
V is very, very extraordinary
E is even more than anyone that you adore can
(Take my heart and please don't break it)
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L is for the way you look at me
O is for the only one I see
V is very, very extraordinary
E is even more than anyone that you adore can
(Take my heart and please don't break it)
viernes, 27 de mayo de 2011
miércoles, 25 de mayo de 2011
El último berrido.
Desde que recuerdo, mi madre siempre ha tratado de hacer de la carencia virtud. Eso sí, a su manera y de las formas más peregrinas.
Si yo le pedía unas Nike porque en el cole la gente que las llevaba molaba mucho, mi madre me compraba unas "Sugar" del mercadillo diciéndome que las Nike eran vulgares, y que estas aún no las conocía nadie, pero que pronto serían el "último berrido" (su versión del cool, en los 80). Y yo, de naturaleza confiada, me calzaba orgullosa mis Sugar, sintiéndome la última berreadora... y desconcertando con mi seguridad a los que sí habían conseguido sus Nike.
Cuando llegó el momento de la ingesta de la primera comunión, todas las niñas suspirábamos por esos vestidos largos blancos. Yo, desde lo alto de mis Sugar, también.
Mi madre, seguramente presa de un espíritu transgresor, acabó convenciéndome de que tomar la comunión con un vestido verde era mil veces más guay. Y si a eso le sumas un bombín de paja blanco... bueno...!
Suerte que, supongo, para evitar futuros traumas, supo parar sus ansias de vanguardia rara ahí y finalmente acudí a la iglesia sin oveja y sombrilla. En este caso no me queda otra que dar gracia a Dios.
Ya había olvidado todo ese confuso tema de los últimos berridos y las vanguardias estéticas, cuando el otro día el banco, presa de una emoción sin precedentes al ver que mi cuenta no estaba en rojo, me regaló una jarra Brita (esas que convierten el cloro puro del grifo en algo similar al agua). Yo no estaba nada convencida de que ese artilugio fuese de fiar, y me aferraba con fuerza a mis garrafas de agua embotellada... hasta que llegó mi madre a narrarme las bondades de la cosa. Y con la cosa me refiero al agua en sí: "Ya verás, el agua sabe mil veces mejor que la embotellada. No has de subir litros y litros por la escalera... y fresquita... fresquita está buenísima".
Perdió todo el crédito cuando, horas más tarde, le telefoneé para preguntarle cómo se ponían los filtros y me dijo "ay, hija, yo no tengo de eso. En casa bebemos Solan de Cabras... Por desgracia!"
Joder, ahora me siento súper mal...
Cuando vuelva les dejo mi jarra y me llevo sus garrafas, que a mi família no le falte de nada aunque me tenga que sacrificar yo, faltaría más!
Si yo le pedía unas Nike porque en el cole la gente que las llevaba molaba mucho, mi madre me compraba unas "Sugar" del mercadillo diciéndome que las Nike eran vulgares, y que estas aún no las conocía nadie, pero que pronto serían el "último berrido" (su versión del cool, en los 80). Y yo, de naturaleza confiada, me calzaba orgullosa mis Sugar, sintiéndome la última berreadora... y desconcertando con mi seguridad a los que sí habían conseguido sus Nike.
Cuando llegó el momento de la ingesta de la primera comunión, todas las niñas suspirábamos por esos vestidos largos blancos. Yo, desde lo alto de mis Sugar, también.
Mi madre, seguramente presa de un espíritu transgresor, acabó convenciéndome de que tomar la comunión con un vestido verde era mil veces más guay. Y si a eso le sumas un bombín de paja blanco... bueno...!
Suerte que, supongo, para evitar futuros traumas, supo parar sus ansias de vanguardia rara ahí y finalmente acudí a la iglesia sin oveja y sombrilla. En este caso no me queda otra que dar gracia a Dios.
Ya había olvidado todo ese confuso tema de los últimos berridos y las vanguardias estéticas, cuando el otro día el banco, presa de una emoción sin precedentes al ver que mi cuenta no estaba en rojo, me regaló una jarra Brita (esas que convierten el cloro puro del grifo en algo similar al agua). Yo no estaba nada convencida de que ese artilugio fuese de fiar, y me aferraba con fuerza a mis garrafas de agua embotellada... hasta que llegó mi madre a narrarme las bondades de la cosa. Y con la cosa me refiero al agua en sí: "Ya verás, el agua sabe mil veces mejor que la embotellada. No has de subir litros y litros por la escalera... y fresquita... fresquita está buenísima".
Perdió todo el crédito cuando, horas más tarde, le telefoneé para preguntarle cómo se ponían los filtros y me dijo "ay, hija, yo no tengo de eso. En casa bebemos Solan de Cabras... Por desgracia!"
Joder, ahora me siento súper mal...
Cuando vuelva les dejo mi jarra y me llevo sus garrafas, que a mi família no le falte de nada aunque me tenga que sacrificar yo, faltaría más!
lunes, 23 de mayo de 2011
Futuro imperfecto.
Cuando ya no quede nada
del todo que busqué
dejaré caer los brazos,
quemaré los puentes de papel
en los que ardí.
Desapareceré del lugar al que nunca pertenecí.
del todo que busqué
dejaré caer los brazos,
quemaré los puentes de papel
en los que ardí.
Desapareceré del lugar al que nunca pertenecí.
sábado, 21 de mayo de 2011
Por fin es primavera.
viernes, 20 de mayo de 2011
jueves, 19 de mayo de 2011
lunes, 16 de mayo de 2011
Secuencia de los hechos. 12.14am
11.47am.
Empiezo a sentir cierto escozor en los ojos. Dado que no he sufrido ningún drama en el transcurso de la mañana, más allá de que se me han pegado pelín las tortitas del desayuno, achaco la molestia ocular a que llevo varias horas trabajando sin las gafas (puestas, se entiende).
11.48am.
Olvido todo lo anterior y bajo al baño. Todo en orden.
11.55am.
Empiezo a sentir cierto escozor... ah, ok, las gafas.
11.56am.
Alargo una mano. La derecha, que es la que corresponde a la situación de las gafas, según todos los meridianos. Las cojo. Las llevo con éxito hacia la cara. Tras unos tensos segundos, encajo las patillas sobre las orejas, con un éxito rotundo de crítica y público. Piel de gallina.
11.58am.
Prosigo con el trabajo bajo la atenta mirada de mi perra.
11.59am.
Un escalofrío recorre mi espinazo cuando, de repente, el cristal izquierdo de las gafas cae sobre la mesa. Así, como sin vida. Todo se paraliza. Procuro no moverme. Las gafas siguen en mi cara. Compruebo que no ha sido fallo de diseño de las orejas ni nada, y ato cabos: la pasta de mis gafas ha dicho "hasta aquí hemos llegado" (no literal), y se ha partido, liberando a uno de sus vídrios en señal de protesta.
12.01am.
Mierda.
12.03am
MIERDA.
12.05am
Eso es mucha mierda. Este mes no puedo comprar otras gafas, así es que me lanzo a poner en práctica el Plan B: Loctite.
12.10am
No ha sido fácil, pero he conseguido devolver a su posición el cristal y pegar de forma poco digna pero eficaz la pasta que lo sustenta y alberga. Bien. Ahora parezco un Nerd, pero no he de comprar otras gafas.
12.11am
Repito (con cuidado) la operación delicada de colocar las gafas, de nuevo, sobre: nariz, oreja y justo delante de los ojos... cuando de repente siento hervir el ojo izquierdo. MIERDA.
MALA NOTICIA: LOS VAPORES DEL LOCTITE NO SE LLEVAN BIEN CON LAS MUCOSAS OCULARES.
BUENA NOTICIA: CIEGA NO NECESITO INVERTIR EN GAFAS.
Empiezo a sentir cierto escozor en los ojos. Dado que no he sufrido ningún drama en el transcurso de la mañana, más allá de que se me han pegado pelín las tortitas del desayuno, achaco la molestia ocular a que llevo varias horas trabajando sin las gafas (puestas, se entiende).
11.48am.
Olvido todo lo anterior y bajo al baño. Todo en orden.
11.55am.
Empiezo a sentir cierto escozor... ah, ok, las gafas.
11.56am.
Alargo una mano. La derecha, que es la que corresponde a la situación de las gafas, según todos los meridianos. Las cojo. Las llevo con éxito hacia la cara. Tras unos tensos segundos, encajo las patillas sobre las orejas, con un éxito rotundo de crítica y público. Piel de gallina.
11.58am.
Prosigo con el trabajo bajo la atenta mirada de mi perra.
11.59am.
Un escalofrío recorre mi espinazo cuando, de repente, el cristal izquierdo de las gafas cae sobre la mesa. Así, como sin vida. Todo se paraliza. Procuro no moverme. Las gafas siguen en mi cara. Compruebo que no ha sido fallo de diseño de las orejas ni nada, y ato cabos: la pasta de mis gafas ha dicho "hasta aquí hemos llegado" (no literal), y se ha partido, liberando a uno de sus vídrios en señal de protesta.
12.01am.
Mierda.
12.03am
MIERDA.
12.05am
Eso es mucha mierda. Este mes no puedo comprar otras gafas, así es que me lanzo a poner en práctica el Plan B: Loctite.
12.10am
No ha sido fácil, pero he conseguido devolver a su posición el cristal y pegar de forma poco digna pero eficaz la pasta que lo sustenta y alberga. Bien. Ahora parezco un Nerd, pero no he de comprar otras gafas.
12.11am
Repito (con cuidado) la operación delicada de colocar las gafas, de nuevo, sobre: nariz, oreja y justo delante de los ojos... cuando de repente siento hervir el ojo izquierdo. MIERDA.
MALA NOTICIA: LOS VAPORES DEL LOCTITE NO SE LLEVAN BIEN CON LAS MUCOSAS OCULARES.
BUENA NOTICIA: CIEGA NO NECESITO INVERTIR EN GAFAS.
jueves, 12 de mayo de 2011
Play with me.
Llevo ya una temporada (que dura desde hace aproximadamente 20 años...) teniendo que soportar estoicamente a amigos y demás parientes que, aparentemente movidos por el cariño (hacia mí, se entiende), y preocupados por lo que creen que es una pobre vida social y amorosa (no me da tiempo a sacarlos de su error debido a que rara vez estoy sola; mi casa es un trasiego incesante de amantes, amigos... bah, no quiero aburriros).
La cuestión es que cada vez que se me ocurre dar un suspiro más largo de lo que sería el estándar del suspirador medio, o se me pierde la mirada en el horizonte unos segundos más de la cuenta, he de escuchar una y otra vez aquello de "es que no sales nada... no te relacionas... ¿así cómo vas a encontrar a nadie?".
La cuestión es que no me gusta salir por la noche, y ahora la prohibición de fumar me han dejado sin la mejor excusa que tenía (sí, también odio el tabaco), aparte de mi incapacidad intrínseca para moverme con algún tipo de gracia en público (me refiero a bailar, no a que haya sido víctima de una apoplejía).
Finalmente el mensaje ha calado en mi psique, y presa del pánico a la soledad -ajena-, he sucumbido a la actividad frenética y grupal: Me he apuntado a un CURSO DE INICIACIÓN EN JUEGOS DE PLAYA. Esa soy yo, una mujer osada, de su tiempo, viviendo al límite. El límite del litoral, concretamente.
Cuando ya fantaseaba con licenciarme en castillos de arena, teoría y práctica de la flotación en colchoneta y en enterrar y desenterrar en el menor tiempo posible a alguno de mis musculosos compañeros universitarios del curso, mientras polemizamos agriamente (pero de forma sexi e irresistible) sobre las ventajas y desventajas del factor 30 de protección solar, o el impacto medioambiental del trikini, se me ocurrió ver los detalles del curso al que me había apuntado, para comprobar que los dichosos juegos se referían a voley-playa, futvoley y fútbol playa...
En fin.
Voy a morir sola, de un balonazo y bronceadísima tratando de molar.
Es mi sino.
Vivo con ello.
La cuestión es que cada vez que se me ocurre dar un suspiro más largo de lo que sería el estándar del suspirador medio, o se me pierde la mirada en el horizonte unos segundos más de la cuenta, he de escuchar una y otra vez aquello de "es que no sales nada... no te relacionas... ¿así cómo vas a encontrar a nadie?".
La cuestión es que no me gusta salir por la noche, y ahora la prohibición de fumar me han dejado sin la mejor excusa que tenía (sí, también odio el tabaco), aparte de mi incapacidad intrínseca para moverme con algún tipo de gracia en público (me refiero a bailar, no a que haya sido víctima de una apoplejía).
Finalmente el mensaje ha calado en mi psique, y presa del pánico a la soledad -ajena-, he sucumbido a la actividad frenética y grupal: Me he apuntado a un CURSO DE INICIACIÓN EN JUEGOS DE PLAYA. Esa soy yo, una mujer osada, de su tiempo, viviendo al límite. El límite del litoral, concretamente.
Cuando ya fantaseaba con licenciarme en castillos de arena, teoría y práctica de la flotación en colchoneta y en enterrar y desenterrar en el menor tiempo posible a alguno de mis musculosos compañeros universitarios del curso, mientras polemizamos agriamente (pero de forma sexi e irresistible) sobre las ventajas y desventajas del factor 30 de protección solar, o el impacto medioambiental del trikini, se me ocurrió ver los detalles del curso al que me había apuntado, para comprobar que los dichosos juegos se referían a voley-playa, futvoley y fútbol playa...
En fin.
Voy a morir sola, de un balonazo y bronceadísima tratando de molar.
Es mi sino.
Vivo con ello.
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