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lunes, 23 de noviembre de 2009
Cada vez.
Cada vez paso la frontera vegetal que separa tu sitio del mío.
Cada vez este corto paseo me sumerge en la melancolía, en la rabia mal disimulada, en las preguntas que ya nunca tendrán respuesta.
Ni rastro de resignación.
El lugar en el que ya no pasan cosas.
No me acostumbro.
Cada vez menos.
Cada vez este corto paseo me sumerge en la melancolía, en la rabia mal disimulada, en las preguntas que ya nunca tendrán respuesta.
Ni rastro de resignación.
El lugar en el que ya no pasan cosas.
No me acostumbro.
Cada vez menos.
Díselo con chocolate (lo que sea)

Hace tiempo me topé (de topo) con esta página que hace chocolate con forma de tipos de plomo de imprenta, y que por encargo puedes componer mensajes para que te lo envíen (claro).
No sé, me parece molón.
Y como soy de natural generoso con casi todo, pues os lo comparto.
(mi mensaje sería "SI EL CHOCOLATE ENGORDA, QUE ENGORDE. ALLÁ EL")
http://typolade.de/
NOTA: la página en sí no hace chocolate (no tiene ese poder). ¿se entiende, no? ¿ya se entendía...? bueno, ahí queda.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Mi juguete.


Primero fué Leni.
Y ahora, como proceso natural, yo (la modestia es un puntito en el horizonte para mí. Y a veces, ni eso).
Ayer fueron los juegos olímpicos de Berlín (bueno, antesdeayer, va...), y hoy tengo la responsabilidad épica de darle un proyecto a su medida a mi Leica Olympia, la misma que vistió y calzó la Riefenstahl por aquellos tiempos para retratar a los deportistas olímpicos (bueeno... la misma-misma no; de haber sido la misma quizás me hubiese costado pelín más cara).
Pues eso.
Que se aceptan sugerencias.
Y para buscar objetivo fotográfico también.
viernes, 20 de noviembre de 2009
jueves, 19 de noviembre de 2009
Time.
-¿Me vas a perdonar?
-No lo sé. Necesito tiempo.
Él se quitó su reloj y se lo ajustó a la delicada muñeca de ella.
-Ahí tienes el mío. Hasta que no me lo devuelvas, todo se habrá parado para mí.
-Eso no es justo.
-Nada lo es. Ya deberías saberlo.
No tardó nada en quedarse muy quieto.
-No lo sé. Necesito tiempo.
Él se quitó su reloj y se lo ajustó a la delicada muñeca de ella.
-Ahí tienes el mío. Hasta que no me lo devuelvas, todo se habrá parado para mí.
-Eso no es justo.
-Nada lo es. Ya deberías saberlo.
No tardó nada en quedarse muy quieto.
Mi nuevo objeto de deseo
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